Hace unas semanas, tuve la suerte de participar en el Webflow Virtual World Tour. Mi charla se centró en cómo Webflow (y el movimiento no-code en general) me permitió —siendo una fundadora primeriza, sin conocimientos técnicos y sin experiencia empresarial— crear un negocio rentable en un fin de semana.
No fue una charla sobre mi negocio en sí, sino más bien un intento de compartir algunas pepitas de sabiduría con otros fundadores inexpertos con grandes ideas, para demostrarles que si yo pude hacerlo, ellos también pueden.
Unas semanas después, tengo la suerte de poder compartir esa historia contigo también.
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Te cubrimos las espaldas.
Cualquiera puede ser emprendedor, incluso yo
No sé tú, pero durante la mayor parte de mi vida asumí que existía un tipo de persona que podía triunfar como emprendedor.
El cliché era algo así: hombre blanco, un poco desaliñado, estadounidense, hiperconfiado y profundamente inmerso en el mundo de la tecnología.
Es decir: alguien que no se parece en nada a mí.
Cómo pasé del agotamiento al éxito total
Mi carrera hasta la fecha ha sido un auténtico caos. Me licencié en francés y ruso, empecé a trabajar en desarrollo de políticas para el gobierno británico, luego me formé como diseñadora UX y, más tarde, como redactora publicitaria.
Estaba dando palos de ciego, saltando constantemente de una cosa a otra sin encontrar nunca mi lugar.
La insatisfacción, la inquietud y la frustración fueron constantes durante los primeros 10 años de mi carrera.
Recuerdo estar sentada en mi escritorio un día y pensar: "Seguro que esto no es todo lo que me espera durante los próximos 60 años..."
En el fondo, siempre quise montar un negocio, pero no parecía algo que hiciera la gente como yo. Podría enumerar mil suposiciones sobre por qué, pero todas se reducían a lo siguiente:
- No soy una adicta al trabajo
- Me da miedo el riesgo
- No tenía nada para invertir
- Soy una negada total para la tecnología
- No tenía ni idea de cómo llevar un negocio, ¿qué se necesitaba realmente?
- No veía a nadie que se pareciera a mí en quien pudiera inspirarme
Empezar mi propio negocio me parecía tan probable como convertirme en astronauta. De hecho, ni siquiera consideré que fuera una opción.
Pero el problema es que, con el paso de los años, la alternativa era un desastre total.
Tanto, que un día simplemente decidí dejar mi trabajo y empezar a escribir como freelance. Mirando atrás, fue una jugada bastante atrevida, ya que en ese momento solo tenía ingresos de un cliente.
Unos meses después, la vida empezaba a encarrilarse. Me ganaba la vida modestamente haciendo algo que me encantaba y bajo mis propias reglas. Pero seguía dándole vueltas a la idea de que tenía que haber alguna forma de convertir mi estilo de vida freelance en algo más escalable. Tenía que haber una manera de transformarlo en un negocio. Esa sensación se hacía más fuerte cada semana, al empezar a notar un patrón en todos mis clientes.
Aunque me doliera en el orgullo, no me querían necesariamente a mí; querían un socio de contenidos fiable, asequible y escalable. Querían una solución lista para usar: contenido mensual que diera resultados sin que ellos tuvieran que mover un dedo.
Querían una versión productizada de mí.
De esta revelación nació la primera versión de Scribly.
La idea era sólida, pero no tenía ni idea de cómo convertirla en algo que se pareciera a un negocio.
Aquí entra Webflow
Mientras le daba vueltas a estas ideas e intentaba encontrar formas (demasiado complicadas) de hacerlas realidad, mi marido apareció una tarde y me dijo: "Ah, pero probablemente puedas probar esto usando Webflow".
... ¿Web-qué-qué?
Fue la primera vez que oí hablar de Webflow, pero en cuanto le eché un vistazo, supe que había encontrado exactamente lo que necesitaba para, al menos, poner en marcha un prototipo. Durante las siguientes 48 horas, me puse manos a la obra.
- Comprar una plantilla
- Escribir el contenido web
- Conectar alguna solución de pago (¡Stripe!)
- Automatizar al máximo la gestión interna (¡Airtable y Zapier!)
- Coste total = 90 $
- Tiempo total = 2 días
Con la configuración inicial lista, solo quedaba lanzar mi incipiente idea de negocio al mundo y ver qué pasaba. Durante los siete días siguientes, hice un lanzamiento suave contactando a mis clientes freelance y anunciándolo en varias comunidades de fundadores.
Al final de la semana siguiente, generé más de 2000 dólares en ventas; mi nueva vida como fundadora había comenzado.
Un kit de inicio empresarial para Webflow
Aquí tienes la estructura sencilla que utilicé para lanzar Scribly:
1. Describe tu negocio en tres frases o menos:
- ¿Qué problema(s) estás resolviendo?
- ¿Para quién lo estás resolviendo?
- ¿Qué te hace diferente?
2. Compra una plantilla para una página de destino y dedica dos horas a redactar el contenido
3. Lánzate y aprende
Suena a plan ridículamente sencillo, ¿verdad?
Eso es porque lo es. Pero funciona (te lo prometo).
Desde que empecé con Scribly, he aprendido que el plan más sencillo e intuitivo es casi siempre el mejor. No hace falta que te empapes de protocolos sofisticados sobre cómo hacen las cosas otros con más experiencia. Tienes que seguir tu instinto sobre lo que tiene sentido con las herramientas que tienes a mano, ahora mismo, y hacerlo a tu manera.
Durante mucho tiempo, me quedé estancada en la parálisis por análisis y en un caso paralizante de síndrome del impostor, pensando siempre que si tan solo tuviera más experiencia, sería capaz de convertir mis ideas en un negocio. Solo cuando decidí seguir el camino más sencillo para probar algo, conseguí llegar a alguna parte.

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Convertir tu proyecto paralelo en un negocio: 4 lecciones clave que he aprendido
Por supuesto, esas ideas sencillas ganarán complejidad a medida que te establezcas. Todo eso es parte del proceso. Lo que más importa es que hagas algo para simplemente empezar.
Cometí muchísimos errores y tomé muchos caminos equivocados en los últimos años. Aquí tienes un resumen de las lecciones clave que he aprendido por el camino:
1. Vende lo correcto
Durante el primer año, posicioné Scribly como un servicio de redacción ilimitada. Pensé que el ángulo de "ilimitado" era mi gancho, pero poco a poco me di cuenta de que en realidad era solo una característica. La redacción ilimitada no era lo que la gente quería realmente.
Mis clientes querían marketing orgánico para impulsar sus ventas. Así que cambié el enfoque de Scribly, alejándolo de la redacción ilimitada y creando paquetes flexibles de marketing de contenidos.
Prepárate para cambiar tu modelo y tu oferta basándote en los comentarios de los clientes y en tus patrones de venta. Puede parecer obvio, pero me llevó más de un año darme cuenta.
2. Crea procedimientos operativos estándar (SOP) claros
Cuando diriges tu servicio productizado en solitario, es tentador guardarlo todo en tu cabeza; al fin y al cabo, eres la única persona al mando. Pero no me cansaré de repetir lo importante que es crear un negocio al que puedas incorporar nuevos miembros al equipo con facilidad.
A medida que Scribly ha crecido, he documentado cada proceso, desde las ventas hasta la gestión de proyectos. Uso Notion, pero Paper, Slite o incluso Google Docs son herramientas útiles para documentar todo lo que un nuevo miembro del equipo necesita saber. Aquí tienes una charla que di recientemente sobre cómo he abordado este proceso.
No tiene por qué ser demasiado detallado, pero es fundamental que tu equipo tenga una wiki de empresa única a la que puedan recurrir para hacer bien su trabajo. Intenta contratar o crecer sin esto y fracasarás.
3. No seas tacaño
Cuando lancé Scribly, puse precios bajísimos a nuestros productos. No sabía cómo valorar nuestros servicios, así que miré mi tarifa como freelance, la comparé con lo que otros redactores ofrecían en línea y fijé el precio de Scribly en el extremo inferior de ese rango.
Me sentía insegura. Pensaba que la única forma de vender algo era siendo más barata que la competencia. Pero ahora he tomado la decisión estratégica de cobrar mucho más que otros servicios de redacción, con la promesa de que mis clientes obtendrán contenido de primera categoría por su inversión.
Te costará arrancar si infravaloras tu producto o servicio. Ser el más barato del mercado no es lo que cuenta. Ser el mejor (dentro de tu rango de precios) sí lo es.
4. Resiste la tentación de usar demasiadas herramientas
El exceso de herramientas es una trampa fácil en la que caer, por lo que elegir tu conjunto de herramientas es una decisión clave. Cuando empecé Scribly, pensé erróneamente que necesitaba encontrar una herramienta para todo; me pasé un poco. Recientemente, he reevaluado el conjunto de herramientas de Scribly y lo he reducido al mínimo necesario para escalar de forma fiable y eficiente.
A medida que desarrolles tu conjunto de herramientas, pregúntate:
- ¿Esta herramienta aporta valor o crea confusión?
- ¿Esta herramienta encaja en nuestros flujos de trabajo actuales? Si no es así, ¿cómo podemos integrarla sin problemas?
- ¿El coste de la herramienta justifica sus resultados?
Recuerda: estás en un viaje, así que lánzate y aprende
El Scribly que lancé en 2018 está a años luz de donde estamos hoy. La propuesta de valor era diferente, la marca era diferente y la configuración tecnológica era diferente.
A pesar de eso, fue todo lo que necesité para poner en marcha mi negocio.
Así que, aunque definitivamente puedes lanzar un negocio con Webflow en un fin de semana, recuerda que es solo el comienzo de un viaje mucho más largo. ¡No tengas miedo de cometer errores!

Lo más importante, así es como se ven realmente los emprendedores
Si hay algo que he aprendido a lo largo de este proceso, es que el viejo estereotipo de startup ha muerto.
Empecé a darme cuenta de que, gracias al movimiento no-code, estaban surgiendo nuevos tipos de emprendedores. El panorama estaba cambiando. Ahora había espacio para todos.
De hecho, desde que descubrí Webflow y lancé Scribly.io, he conocido a mujeres, personas de color, fundadores sin perfil técnico y muchos otros que no encajaban en el molde emprendedor antes de que existieran soluciones como Webflow. Las herramientas no-code han sido un antes y un después para mí: esta comunidad me ha dado la confianza y la fuerza para hacer las cosas a mi manera.










