Todo proyecto de diseño implica inevitablemente un elenco de personajes con habilidades únicas. Desde especialistas en marketing hasta gestores de proyectos, pasando por expertos en SEO y redactores, todos deben trabajar con los diseñadores para crear un producto digital exitoso. Y, para el usuario final, todo debe encajar para formar un conjunto armonioso.
Aunque no todo el mundo tenga el título de "diseñador", todos tienen interés en que la solución de diseño final sea un éxito, y todos tienen ideas sobre cómo lograrlo. Para que eso ocurra, debemos hacer saber a nuestros colaboradores que escuchamos sus voces y que consideramos sus ideas con atención.
Aquí tienes algunas ideas sobre cómo hacerlo.
¡Todos a la piscina (creativa)!

“Cuando era niño, no había colaboración; eras tú con una cámara dando órdenes a tus amigos. Pero de adulto, hacer cine consiste en apreciar el talento de las personas de las que te rodeas y saber que nunca podrías haber hecho ninguna de estas películas por tu cuenta”.
–Steven Spielberg
El inicio de cualquier proyecto de diseño es un momento ideal para hacer una lluvia de ideas. Incluso con un briefing creativo detallado, siempre hay espacio para que las ideas vuelen y encuentren su lugar en el diseño. Al involucrar a personas con diversas áreas de especialización, puedes aportar una mayor variedad de perspectivas al proyecto. Por no mencionar que te ganarás unos cuantos puntos extra con personas y equipos que a menudo quedan fuera de esta etapa del proceso.
En mi vida anterior en el mundo corporativo, me aseguraba de incluir una mezcla ecléctica de personas en las sesiones iniciales de lluvia de ideas. Invitaba a cualquiera, desde otros redactores, diseñadores y desarrolladores hasta diseñadores de espacios comerciales. Inevitablemente, surgían ideas que simplemente no habrían aparecido en una sala llena de personas que piensan igual.
Ten a mano una pizarra y rotuladores de colores para anotar las ideas de los demás. Proporciona blocs de papel y muchos bolígrafos. Trae un arcoíris de notas adhesivas. Reconoce todas las ideas que surjan del éter creativo y demuestra que son importantes. Después evalúa qué ideas encajan con el proyecto y su alcance.
Está claro que no todos los proyectos permiten tiempo para lluvias de ideas. Pero si tienes ese lujo, es una forma fantástica de conectar con personas de otros departamentos y darles la oportunidad de contribuir. Puede que incluso inspires a alguien a aprender más sobre diseño, lo que facilitará una mejor comunicación en el futuro.
La gente quiere sentir que sus ideas importan, aunque solo sea señalando sitios web que les gustan o funciones que buscan. Por supuesto, esto no significa que debas implementar a ciegas cada capricho que propongan. Como diseñador, tu trabajo es pasar todo esto por tu propio filtro creativo e integrar solo aquellas piezas que tengan sentido.
Más adelante, durante el proceso de creación de prototipos, puedes volver a incluir a estas personas. Les encantará ver que sus ideas marcaron la diferencia.
Después del inicio del proyecto

“El diseño no es solo lo que se ve y lo que se siente. El diseño es cómo funciona”.
–Steve Jobs
Bien, las reuniones iniciales han terminado. El proyecto cobra un poco más de impulso cada día. Las personas que no están directamente involucradas en el trabajo de creación han tenido la oportunidad de compartir sus aportaciones. Tienes una idea clara de todas las piezas que se mueven. Todos, desde los ejecutivos hasta los desarrolladores, entienden los objetivos del proyecto.
Ahora es el momento de dar al equipo el tiempo y el espacio necesarios para ejecutarlo.
Y eso significa que ha llegado el momento de que los especialistas en contenido y diseño unan sus cabezas —y sus entregables—.
Los redactores y los diseñadores poseen habilidades distintas, pero el contenido y el diseño están intrínsecamente ligados. Ambos se centran en la organización y la comunicación de la información. Por eso es vital que los especialistas en contenido y los diseñadores trabajen en estrecha colaboración y procuren no pisarse los pies unos a otros.
Así que genera contenido real e incorpóralo al diseño lo antes posible. Diseñar con contenido real dará a todos los involucrados en el proyecto una representación más precisa de cómo se verá y funcionará el sitio web final; por no mencionar que tendrán más tiempo para iterar tanto en el mensaje como en la presentación.
También es importante involucrar a los desarrolladores (si los hay) desde el principio y pedirles su opinión sobre la viabilidad de forma regular. Si los diseñadores, desarrolladores y redactores están unidos, el proceso será más fluido y los plazos más cortos.
No todo el mundo es diseñador, pero todos contribuyen al diseño final a medida que el proyecto toma forma.

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Escucha y responde a los comentarios

El diseño es sencillo, ¿verdad? ¿Qué tiene de difícil mover algunas imágenes, maquetar texto y añadir colores llamativos? Cuanto más grande y brillante, mejor, ¿no? Pues no siempre... la mayoría de los proyectos de diseño requieren un poco más de reflexión.
Las personas sin formación en diseño no entienden la teoría que hay detrás. No deberíamos descartar sus comentarios bienintencionados poniendo los ojos en blanco. Incluso cuando cuesta no hacerlo.
Los diseñadores debemos ser embajadores de nuestro oficio. No podemos simplemente ignorar las malas ideas. Pero sí podemos educar a los demás sobre por qué su idea no mejorará la funcionalidad o la interfaz de usuario.
A medida que el diseño adaptativo se impone para dar cabida a la multitud de dispositivos digitales, lo que funcionaba en el pasado ya no sirve hoy. Así que sí, esa sugerencia de hacer más grandes las llamadas a la acción puede quedar bien en un ordenador, pero puede hacer que el diseño sea difícil de navegar en un dispositivo móvil. Debes explicar los motivos específicos por los que es una mala idea, sin llegar a decir que es una mala idea.
Muestra ejemplos de sitios web que incluyan elementos similares a los tuyos y explica por qué funcionan. Explica cómo tu diseño lo diferenciará y lo hará mejor que el de la competencia. Presentar lo que haces como la expresión de una estrategia meditada es un lenguaje que los superiores entenderán y, además, ¡es honesto!
Pide que te aclaren las cosas

Todos hemos recibido comentarios subjetivos. Como antiguo redactor de una gran cadena de tiendas de mascotas, a menudo me pedían que hiciera algo más «divertido». Volvía a mi escritorio e inyectaba toda la diversión que podía. Diversión. Diversión. Y más diversión.
Luego entregaba mi revisión, solo para recibir el comentario de que no era el tipo de diversión adecuado.
Nadie quiere sentirse como un hámster en una rueda, esforzándose por alcanzar un objetivo que no está claro o que no es alcanzable. Siempre que alguien te sugiera hacer algo más «moderno», «guay», «atrevido» o cualquier otro adjetivo ambiguo, pídele que te explique qué quiere decir, preferiblemente con ejemplos. Al tener una idea más clara de lo que quieren, podemos trabajar con mayor eficacia para lograr el objetivo.
Prueba con los usuarios que tienes a mano
Una vez que hayas desarrollado un diseño listo para experimentar, invita a todas las personas que reuniste en la lluvia de ideas a ver lo que has hecho con sus propuestas. Como colaboradores originales, tendrán una idea clara de dónde empezaste y cómo llegaste al diseño actual, pero con la distancia suficiente para ofrecer una opinión objetiva. De nuevo, no se trata de implementar cada pequeña idea o mejora. Pero si tus compañeros o clientes detectan un problema que se te pasó por alto, te habrán salvado de exponer ese fallo de diseño al público.
Además, a menudo tendrán ideas y conocimientos únicos que ofrecerte para perfeccionar la interfaz. Si, por ejemplo, utilizaste un patrón de diseño de marca, pero el equipo de soporte sabe que los usuarios tienen dificultades con él, ahora tienes la oportunidad de solucionar un problema de tu diseño y, tal vez, realizar mejoras en todos los ámbitos.
Todos somos expertos en diseño (más o menos)
Como seres humanos, sabemos cuándo algo funciona y cuándo no. Cualquiera que haya maldecido ante la torpe página de pago de una tienda online, se haya frustrado rellenando formularios confusos o haya vagado sin rumbo por un gran almacén, ha experimentado un mal diseño. Cuando algo podría hacerse de una forma más lógica, lo percibimos de forma innata.
No todo el mundo tiene la habilidad de un diseñador. Pero como todos sabemos cuándo algo funciona, cualquiera puede aportar su granito de arena para mejorar un diseño.











